Ironías del destino: el rey Carlos III ordenó construir este castillo en 1764 precisamente para protegerse de corsarios como El Halcón de Terreros. Desde estas murallas, los soldados del rey vigilaban día y noche el horizonte, buscando las velas de los barcos berberiscos.
Pero El Halcón era astuto como su nombre indica. Conocía cada piedra de este castillo, cada punto ciego, cada cambio de guardia. Algunos dicen que incluso sobornó a algún soldado para que le avisara de cuándo la vigilancia era débil.
Una madrugada, el corsario se atrevió a acercarse al castillo. No para atacarlo —eso habría sido una locura— sino para dejar un mensaje burlón. Subió por el lado este, donde los primeros rayos del sol ciegan a los vigías que han pasado la noche en vela.
Allí, en el borde mismo donde el castillo se asoma al Mediterráneo, dejó un pequeño cofre con una nota: 'A los valientes soldados de Carlos III: Construís fortalezas de piedra, pero yo navego libre como el viento. Mientras vosotros vigiláis, yo ya he pasado. Este tesoro es para quien tenga ojos para ver... y no tema asomarse al abismo. - El Halcón'
🔍 Pista
Busca entre las rocas que hay al sur. Allí dejé mi burla al rey español.